UNA LECTURA DE TAROT ARCANOS 101

Tarot y astrología: qué hacer cuando se contradicen

Por Iñaki

Hay momentos en los que todo parece apuntar en una dirección. Una interpretación astrológica habla de movimiento, expansión, oportunidades. Parece que ha llegado el momento de avanzar, de tomar una decisión o de dejar atrás una etapa que llevaba demasiado tiempo detenida.

Entonces hacemos una tirada de tarot y aparecen El Colgado, el Cuatro de Espadas, el Ermitaño.

Espera. Silencio. Pausa. Mira antes de actuar.

La pregunta aparece casi sola:

¿Quién tiene razón?

Si la astrología parece decir una cosa y el tarot otra, resulta tentador pensar que alguno de los dos sistemas está fallando. También podemos caer en algo todavía más habitual: empezar a retorcer las interpretaciones hasta conseguir que ambos terminen diciendo lo mismo.

Pero quizá el problema no esté ahí. Quizá estamos pidiendo a dos lenguajes simbólicos diferentes que nos den exactamente la misma respuesta.

Tarot y astrología pueden relacionarse, complementarse y enriquecer una misma reflexión. Eso no significa que tengan que mostrarnos siempre la misma cara de una situación.

Una interpretación astrológica puede ayudarnos a observar un determinado momento, un ciclo o un contexto. El tarot puede llevarnos hacia otro lugar: cómo estamos viviendo nosotros ese momento, qué decisión tenemos delante, qué obstáculo no estamos viendo o qué parte de la situación todavía no queremos aceptar.

Entonces la aparente contradicción empieza a resultar bastante más interesante, porque quizá la pregunta ya no sea:

«¿Cuál de los dos acierta?»

Sino esta:

«¿Qué está viendo cada uno que el otro no me está mostrando?»

Y ahí es donde empieza realmente este artículo.

Tarot y astrología no nacieron como un único sistema

Hoy estamos acostumbrados a encontrar relaciones entre cartas del tarot, signos zodiacales, planetas y elementos. Para muchas personas esas asociaciones forman parte natural de la interpretación. Sin embargo, históricamente tarot y astrología no nacieron como un único sistema.

Los primeros tarots europeos aparecieron en la Italia del siglo XV y estuvieron vinculados originalmente al juego. Su incorporación posterior a corrientes esotéricas y adivinatorias se produjo mucho después.

Con el paso del tiempo comenzaron a desarrollarse correspondencias entre el tarot, la astrología, la cábala y otras tradiciones ocultistas. Uno de los momentos más importantes de ese proceso llegó a finales del siglo XIX con la Hermetic Order of the Golden Dawn.

De aquel entorno surgió buena parte del sistema de correspondencias astrológicas que posteriormente influiría en barajas tan importantes como el Rider-Waite-Smith y, más adelante y con sus propias particularidades, el Tarot de Thoth.

Esto tiene una consecuencia que merece la pena recordar:

las correspondencias astrológicas no son una característica universal e inmutable de todas las barajas.

Marsella, Rider-Waite-Smith o Thoth no son exactamente el mismo lenguaje ni responden necesariamente a las mismas correspondencias.

¿Significa esto que relacionar tarot y astrología sea incorrecto? No. Significa que su relación se ha construido y desarrollado históricamente. Podemos utilizar ambos sistemas conjuntamente si ese diálogo nos ayuda, pero no necesitamos convertirlos en dos piezas obligadas a encajar a la fuerza.

Y esto nos conduce al verdadero problema: si son dos lenguajes distintos, ¿por qué esperamos que siempre nos contesten lo mismo?

El verdadero problema: esperar que ambos digan lo mismo

Cuando una persona consulta tarot y astrología sobre una misma situación, muchas veces espera una confirmación. Si la interpretación astrológica parece señalar movimiento, crecimiento o una oportunidad, buscamos que el tarot vaya en esa misma dirección.

Y si no lo hace, llega la incomodidad.

Volvemos a mirar las cartas, probamos otro significado, cambiamos ligeramente la pregunta o hacemos otra tirada. A veces no porque necesitemos comprender mejor lo que está ocurriendo, sino porque queremos escuchar otra respuesta.

Imaginemos que estamos valorando un cambio profesional. Desde una determinada interpretación astrológica percibimos un periodo asociado al crecimiento o al movimiento. Después consultamos el tarot y aparecen cartas que invitan a la cautela, a revisar algo o incluso a esperar.

Podemos pensar:

«Entonces alguno de los dos está equivocado».

Pero existe otra posibilidad. Tal vez ese momento general favorezca determinados cambios y, sin embargo, esa oportunidad concreta no sea tan clara como parecía.

Un contexto favorable no convierte automáticamente cualquier decisión en una buena decisión. Y una carta que invita a detenerse tampoco significa necesariamente que nuestra vida entera haya entrado en un periodo de bloqueo.

El problema aparece cuando empezamos a elegir únicamente aquellos significados que encajan con lo que queremos escuchar. Entonces dejamos de utilizar dos herramientas para ampliar nuestra mirada y empezamos a buscar un doble sello de aprobación.

A veces no realizamos una segunda consulta porque tengamos dudas sobre la primera, sino porque la primera no nos ha dado la respuesta que queríamos. Si preguntamos una y otra vez hasta obtener un sí, quizá ya no estemos intentando comprender, sino buscar certezas absolutas en el tarot.

Contexto frente a pregunta: otra forma de hacerlos dialogar

Hay una manera de relacionar tarot y astrología que personalmente me resulta mucho más interesante: dejar de pedirles que hagan exactamente el mismo trabajo.

Dentro de su propio lenguaje simbólico, podemos utilizar la astrología para observar ciclos, tendencias o contextos. El tarot puede llevarnos hacia una pregunta mucho más concreta: ¿qué está ocurriendo aquí?, ¿qué no estoy viendo?, ¿qué obstáculo tengo delante?, ¿qué decisión merece realmente mi atención?

Visto así, dejan de competir.

La astrología puede mostrar el escenario.

Y el tarot puede preguntarnos:

¿Y tú qué estás haciendo dentro de ese escenario?

Un periodo que interpretamos como favorable para crecer no significa que tengamos que aceptar cualquier oportunidad que aparezca. De la misma forma, una tirada que invita a esperar no tiene por qué negar todo el proceso de cambio que estamos viviendo.

Puede estar hablando simplemente de nosotros: de cómo llegamos a ese momento, de lo preparados que estamos o de aquello que todavía necesitamos comprender.

Júpiter abre una puerta y el tarot pide esperar

Pongamos un ejemplo sencillo.

Una persona interpreta un tránsito de Júpiter como un periodo favorable para crecer profesionalmente, ampliar horizontes o asumir nuevos retos. Poco después recibe una propuesta laboral y consulta el tarot.

Aparecen:

El Colgado + Ocho de Oros + Dos de Espadas.

La contradicción parece evidente. La astrología habla de expansión y el tarot parece pedir pausa.

Pero quizá ambas cosas puedan convivir.

Puede existir una oportunidad de crecimiento y, al mismo tiempo, no estar todavía claro que esa propuesta concreta sea el camino adecuado. Tal vez haga falta aprender algo más, observar la situación desde otro punto de vista, esperar una información que todavía no tenemos o reconocer que aún no hemos tomado una decisión interior que creíamos resuelta.

Aquí aparece una diferencia que para mí es fundamental:

una oportunidad no es lo mismo que estar preparado para aprovecharla.

Una puerta puede existir. Otra cosa muy distinta es que haya llegado el momento de cruzarla.

Cuando la contradicción sí debería hacernos desconfiar

También conviene decir algo importante: no toda contradicción tiene que esconder una gran enseñanza espiritual.

A veces estamos forzando la interpretación.

Deberíamos prestar atención cuando empezamos a cambiar el significado de una carta hasta conseguir que coincida con aquello que esperábamos, cuando escogemos únicamente la interpretación astrológica que nos interesa o cuando repetimos una tirada una y otra vez porque la primera respuesta no nos ha gustado.

También cuando mezclamos correspondencias de distintas escuelas sin saber realmente de dónde proceden.

En esos casos, el problema quizá no sea que tarot y astrología se contradigan. Puede ser que nosotros estemos intentando obligarlos a ponerse de acuerdo.

Y si hacemos eso, terminamos vaciando de sentido a ambos.

No siempre tenemos que encontrar una explicación esotérica que haga encajar todas las piezas. A veces dos interpretaciones simplemente no coinciden.

Y reconocerlo también forma parte de una práctica honesta.

Entonces, ¿a cuál hago caso?

Esta es probablemente la pregunta más lógica después de todo lo anterior. Si tarot y astrología parecen indicarnos caminos diferentes, ¿a cuál deberíamos escuchar?

Yo empezaría por no convertir ninguno de los dos en una sentencia.

Antes de decidir quién «tiene razón», merece la pena volver a la pregunta inicial. ¿Qué estoy intentando comprender? ¿Estoy observando un contexto general o tengo delante una decisión muy concreta? ¿Estoy buscando información o confirmación? ¿Qué parte de esta situación depende de las circunstancias y qué parte depende de mí?

La astrología puede ayudarnos a contemplar un momento dentro de un ciclo. El tarot puede ayudarnos a mirar cómo estamos atravesando ese momento.

Ninguno necesita ganar.

Lo importante es que nosotros consigamos comprender algo que antes no veíamos.

Y si después de observar ambos lenguajes la contradicción continúa ahí, tampoco ocurre nada. Quizá no tengamos que eliminarla.

Quizá tengamos que escucharla.

La contradicción también habla

Tarot y astrología pueden convivir sin decir exactamente lo mismo. No necesitan confirmar cada detalle ni entregarnos una única respuesta cerrada.

A veces uno amplía el escenario mientras el otro dirige nuestra mirada hacia una decisión, un miedo, un obstáculo o una pregunta que todavía no nos habíamos atrevido a formular.

Por eso, cuando parecen contradecirse, quizá no debamos apresurarnos a decidir cuál de los dos «acierta». Podemos detenernos un momento y preguntarnos qué está mostrando cada lenguaje y, sobre todo, qué estamos buscando nosotros cuando acudimos a ellos.

Porque una lectura útil no siempre es la que confirma aquello que esperábamos.

A veces es justamente la que nos incomoda un poco. La que rompe la respuesta que ya habíamos construido en nuestra cabeza. La que nos obliga a volver a mirar.

Si estás atravesando un momento en el que necesitas ordenar tus preguntas, comprender mejor una situación o explorar una decisión desde el tarot, una consulta puede ayudarte a poner el foco en aquello que realmente importa.

No para entregarte una sentencia, sino para mirar con más claridad.

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